Camino de magia (6ª parte)

Esa noche fue intensa, ninguna de las dos durmió. Reunidas en la cocina a la luz de una vela las horas se pasaron muy rápido y, pese a la falta de sueño, el amanecer las sorprendió riendo y llorando por anécdotas contadas y compartidas. Madre e hija volvían a estar juntas, hermanadas y reconciliadas como nadie hubiera esperado que pasaría algún día, por eso decidieron olvidar por un momento que el dulce no era bueno para las féminas de la familia y decidieron que aquel día se merecían empezarlo tomando un enorme tazón de chocolate caliente acompañado de bizcocho de naranja.

Cuando Jonah se levantó las encontró peleando en una batalla que había convertido la cocina en un despropósito, harina, azúcar, levadura y cacao en polvo manchaban las paredes, la mesa, la encimera y el suelo de la estancia.

– Cuidado Jonah, vigila donde pisas, la harina resbala -, le dijo Melisandre a su hermano al ver que éste entraba en la cocina.

– ¿Lleváis aquí toda la noche? -, preguntó él con cara de incredulidad.

– Así es, querido -, le contestó su madre. – Es mucho el tiempo perdido que hay que recuperar. Por cierto, tienes galletas y bizcocho recién hechos en la alacena, toma algo para desayunar. Luego ayuda a tu hermana a recoger este desorden, voy a ver cómo está vuestro padre.

Tras finalizar estas frases se dirigió a la puerta que comunicaba con el salón; antes de salir se giró y sonrió al ver que Melisandre había salpicado a su hermano con harina y este le respondía soplándole cacao en la cara. Divertidos como estaban los dejó y se dirigió al cuarto de baño para adecentarse antes de ir a ver a su esposo.

Se giró al oír que su mujer entraba. La miró y sonrió al ver la expresión de su cara mientras ella se acercaba a darle el protocolario beso de buenos días.

– Te has dejado un poco de harina en el pelo, querida. – Le dijo cuando ella se incorporó. – Me alegra saber que Mel y tú os habéis reconciliado. Es el mejor regalo que podríais haber dado a este viejo moribundo.

– No digas eso, Stephan, aún te queda mucho que decir. – El gesto de la mujer cambió al oír las palabras de su marido.

– Ambos sabemos que no es así mujer, ójala pudiera cambiarlo pero mi tiempo de estar entre los vivos toca a su fin pero ver a mi familia reunida y feliz es lo mejor que me puedo llevar conmigo. Ahora sé que puedo irme tranquilo porque ellos cuidarán de ti y tú cuidarás de ellos.

Los ojos de Karen se llenaron de lágrimas, nunca antes había oído a su esposo hablar de su muerte, aunque todos eran conscientes de su gravedad, incluso él, pero oírselo decir era confirmar un hecho que había estado intentando evitar.

– Ven aquí mujer, no llores y llama a tus hijos, quiero que esa pequeña nos siga contando a todos sus aventuras por este basto mundo que llamamos Midgard.

Así lo hizo y tras los pertinentes aseos y cambios de ropa por parte de ambos y colgar un cartel de “Cerrado por asuntos familiares” en la puerta de la tienda, Jonah y Melisandre subieron a la habitación de sus padres donde Melisandre continuó su relato…

Akira y yo estuvimos en Payon mucho tiempo, fue algo más de un año pero se pasó tan rápido que ni nos dimos cuenta de que necesitábamos cambiar de aires si queríamos seguir progresando en nuestro objetivo final. Nuestro objetivo era ahora Orc Town, la cuidad de los orcos, lugar conocido por los aprendices de todas las clases, difícil de acceder pero con altas posibilidades de victoria en un entrenamiento constante y concienzudo.

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Camino de magia (5ª parte)

Melisandre miró a su padre antes de comenzar su andadura por los peligrosos pasillos de la mazmorra de Payon. Parecía dormido pero su respiración le indicó que, aun con los ojos cerrados, permanecía atento a su historia. Así se lo hizo saber con un suave “Continúa, querida, continúa” y ella prosiguió su relato.

Payon

Tras pasar una temporada incrementando mi experiencia y mi precisión en el arte de castear y lanzar hechizos (principalmente de con los elementos fuego y agua), decidí que había llegado el momento de ir a Payon.

Esta ciudad se sitúa al este del país y se encuentra rodeada por tupidos bosques que encierran sorpresas desagradables pero, aun así llegué sin incidentes y me dispuse a comprar provisiones para los largos días de entrenamiento. Fue en ese momento, al llegar a la tienda, cuando se produjo el incidente que, en ese momento no lo sabía, iba a cambiar mi suerte. Delante de mí estaba una joven aprendiz de espadachín, vestida con una falda de cuero y una armadura ligera, parecía todo lo femenina que se espera de una chica, sin embargo sus modos eran los propios de su futura profesión, hablaba en tono fuerte y decidido y parecía comerse el mundo tanto que, al salir, se tropezó conmigo. Con un “disculpa” salió de la tienda, dejándome con la curiosidad y un dolor agudo en mi pie derecho al habérmelo pisado con su pesada bota mientras salía.

Compré lo necesario y me dirigí a una de las pensiones de la cuidad a descansar, el día siguiente se presentaba lleno de actividad. Por la mañana me levanté al alba y tomé rumbo a la mazmorra. Fue una sorpresa ver que delante mío iba la espadachina del día anterior y decidí que era el momento de hacer amigos. Me puse a su altura y le saludé…

– Hola, ¿vas a la mazmorra?

– Sí, así es -, dijo mientras me miraba con atención. – Yo te conozco, ayer en la tienda, perdón por el pisotón, tenía prisa.

-Ahm, no es nada, unas vendas, un poco de ungüento y todo solucionado. Me llamo Melisandre y soy de Prontera, encantada de hablar contigo.

– Yo soy Akira Poringkiller y soy universal -, me contestó en todo jocoso. – ¿Qué te trae por aquí? No es muy común ver magos por estos lares.

– Soy una chica intrépida, me gusta lo desconocido y si pretendo llegar a ser sabia y luego profesor, tendré que luchar y pelear para ello y me han dicho que Payon es el mejor sitio para comenzar. Y tú, ¿qué te ha hecho venir aquí? No creo que en los pasadizos de la cueva encuentres muchos porings (nota: el apellido de Akira significa “mataporings” que son unos monstruos de Midgard con forma de bolita de chicle y que sólo sirven para subir experiencia en los primeros niveles del juego).

– La verdad es que no, pero al igual que tú, soy intrépida y ambiciosa además, quiero llegar a ser paladín con lo que tendré que enfrentarme a todo tipo de criaturas y Payon es uno de los mejores sitios por tener gran variedad y tipos de monstruos diversos.

Continuamos hablando hasta llegar a nuestro destino. Dejamos nuestras pertenencias en una pequeña tienda de campaña que instalamos en el bosque cercano y nos preparamos para el día de entrenamiento. Durante el camino habíamos decidido que trabajaríamos juntas y que nos ayudaríamos a lograr nuestro objetivo final, aquello fue el comienzo de una amistad que todavía hoy dura. En los años de lucha espalda contra espalda ambas hemos salvado la vida de la otra en varias ocasiones y, aunque ahora llevemos caminos diferentes, en el fondo de mi corazón siento que la veré muy pronto.

Melisandre miró a su padre. Ahora sí parecía haberse quedado dormido así que decidió que era el momento de dejar el relato y salir de la habitación para dejarle descansar. Fue al girarse cuando la vio. Su madre estaba de pie, apoyada en el quicio de la puerta. No la había oído entrar ni tan siquiera había notado su presencia, y eso que era una de sus mejores habilidades, pero ahí estaba, mirándola fijamente con los ojos llenos de lágrimas. No sabía como reaccionar, habían sido muchos años de escaso, prácticamente nulo trato y ahora se le hacía difícil hablar a la que le diera la vida, sin embargo y, sin darse cuenta, de su boca salió un “Hola madre, ¿cómo estáis?” en un tono cortés y respetuoso.

Su madre la miró. Seguía siendo muy atractiva, aun con la cara llena de arrugas de expresión y el pelo canoso, seguía teniendo el porte regio de su familia y los ojos expresivos y vivaces que ella tanto admiraba de su abuelo, entendía perfectamente porqué su padre la había amado y amaba como lo hacía. Con voz llorosa le dijo:

– Gracias por venir a ver a tu padre.

– No es nada, se lo debo por todo lo que sacrificó y sufrió para ver convertido mi sueño en realidad. Me siento orgullosa de lo que soy gracias a él porque creyó en mí. – Lo dijo sin reproche, tan sólo era la verdad y, para su sorpresa su madre le contestó:

– Lo sé y por eso lo siento. Lo siento tanto, siento no haber sabido valorarte en tu justa medida, siento haber sido una madre autoritaria que intentó imponerte lo que a ella misma le impusieron, siento haberte perdido como hija. Lo siento. – Su voz se iba tornando más quebradiza por la emoción a medida que pronunciaba esas palabras, tras lo cual salió de la habitación, prácticamente corriendo.

– Madre, – llamó Melisandre. Su madre se paró en el pasillo y giró levemente la cabeza. – También me siento orgullosa de ser tu hija, soy lo que soy gracias a ambos y de ambos aprendí que tengo que seguir mi corazón y mi camino y…, te sorprendería saber que soy una de las mejores sabias haciendo pociones de curación.

Su madre se giró y la vio con los brazos abiertos. Madre e hija se fundieron en un largo y profundo abrazo. Al otro lado del pasillo un herrero miraba la escena, en su cara se veía una gran sonrisa mientras una lágrima descendía por su mejilla.

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Continuará

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Camino de magia (descanso)

Pongo este post porque sé que los fans de Melisandre la estarán echando de menos pero es que estos días, me estoy dedicando a hacer wallpapers (me dan temporadas tontas de escribir como loca y luego épocas de vacas flacas y viceversa, estos días no puedo parar de tener ideas para wallpapers y tengo al Photoshop sacando humo =P). De todas maneras, espero sacar algún capítulo nuevo después de mis vacaciones, cuando tenga menos tiempo para el diseño gráfico. Hasta entonces, Melisandre sigue velando a su padre sentada en una silla, cerca de la cabecera de su cama, con sus manos sujetando con firmeza la de su padre.

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Camino de magia (4ª parte)

Geffen

Todo comenzó cuando salí de esta ciudad camino a Geffen. Era por la mañana, temprano, y en mí había una mezcla de dolor por dejaros a todos y de alegría por marcharme a cumplir mi deseo, mi destino. No miré atrás en ningún momento por miedo a no querer marcharme así que seguí todo el viaje mirando al frente, admirando los bosques, las praderas, las montañas, escuchando los sonidos de los animales, observando la naturaleza. Nunca había salido de las puertas de Prontera y todo era nuevo y excitante, olores, sonidos, colores… Llegamos a Geffen al anochecer, fue en ese momento, al bajar del carro, cuando fuí consciente de que mi vida iba a cambiar por completo.

Los años como aprendiz fueron relativamente fáciles, mucho estudio y mucha disciplina, nos iban preparando para adquirir el nivel de concentración necesario para nuestra prueba de acceso a magos. Hasta que ese día llegó. El examen no fue difícil, una pequeña prueba en la que había que conseguir diversos elementos para crear una poción y una gema. Lo pasé sin dificultades y, tras darnos nuevas ropas, nuevas armas y unos cuantos zennys a cada uno, nos dijeron que era tiempo de emprender nuestro camino solos y salir al mundo a crecer en sabiduría y habilidad.

Aquello era emocionante pero Midgard tiene muchos lugares peligrosos como bien sabes y, para una joven e inexperta maga de tipo mixto como era yo, el mundo estaba lleno de animales y enemigos indeseables. Es por eso que decidí quedarme por las inmediaciones de Geffen matando animales pequeños que no ofrecían excesiva resistencia para así poder perfeccionar mis habilidades y mis ataques, puesto que mi objetivo final iba a ser la ciudad de Payon, conocida por su mazmorra llena de zombies, esqueletos y murciélagos, enemigos poco gratos de ver pero muy agradecidos para conseguir el objetivo final, el nivel de experiencia necesario para ser sabia…

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Continuará

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Camino de magia (3ª parte)

La estancia estaba sombría, apenas un rayo de luz entraba a través de las cortinas prácticamente cerradas, aún así, no olía cerrado, se respiraba un fresco aroma a romero, la fragancia favorita de su padre. Melisandre cerró la puerta tras de sí y se acercó a la cama, allí yacía su padre, más delgado que la última vez que lo vió aunque su rostro era tal y como ella recordaba, serio pero tranquilo, parecía estar profundamente dormido. Sin embargo, aún con los ojos cerrados el hombre dijo, en una voz clara:

– Acércate pequeña mía, quiero ver cómo es la heroína del reino.

Melisandre se asustó, no esperaba oír una voz con tal energía y fuerza. No la había oído desde que se despidió de él tras el funeral de su abuelo y, conociendo la gravedad de su enfermedad, no había esperado esa seriedad llena de calidez.

– Buenos días papá, ¿cómo te encuentras? – respondió mientras se sentaba.

– Bien, querida niña, pero acércate, ¿ahora tienes miedo de tu padre, este viejo enfermo y roto? – apuntó él al ver que su hija se colocaba a los pies de la cama.

– No, ¡cómo podría! – dijo ella y mientras se acercaba a la cabecera, tomó la mano de su padre entre las suyas. Fue entonces cuando lo sintió. La había estado esperando, lo poco de energía que le quedaba se la había reservado a ella…, sus ojos se llenaron de lágrimas.

– Veo que tus instintos siguen tan finos como siempre.

– A veces me gustaría que no fuera así, duele demasiado.

– Lo sé querida, pero no debes sufrir por mí, yo ya soy viejo, he vivido mi vida, ahora os toca a los jóvenes construir el mundo. Pero no hablemos más de eso, cuéntame, ¿cómo estás? ¿qué es de tu vida?

– Bien, ahora mismo estoy en periodo de descanso, no se necesitan mis servicios en ningún lugar del reino.

– Bien, eso es bueno. ¿Has visto a tus hermanos ¿Y a tu madre?

– He visto a Jonah, madre ha ido a la compra.

– Bien, bien, entonces tenemos tiempo para nosotros. Quiero que me cuentes cómo has estado estos años. Tu viejo padre lamenta no haber hablado más contigo.

– No, no digas eso, en el fondo de mi corazón siempre te he sentido a mi lado, apoyándome, dándome fuerzas cuando a mí me faltaban.

– Me alegro, pequeña mía de que así lo sintieras porque así era. Pero ahora cuéntame, qué ha sido de tu vida estos años. Cuéntame desde el principio, desde que saliste de esta ciudad dirección a Geffen, y no ahorres detalles, este viejo necesita un poco de aventura.

– Está bien papá. – y Melisandre comenzó la historia de su vida, de sus últimos doce años…

Todo comenzó cuando…

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Continuará

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Camino de magia (2ª parte)

Entró en la ciudad, los guardias no se molestaron en pararle, todos en Midgard sabían quién era y, aunque a veces era incómodo, no dejaba de sorprenderle la naturalidad y sencillez con que la gente la trataba, era nada menos que una heroína nacional, pero nadie parecía darle mayor importancia de la que ella se la daba y eso le gustaba, era reconfortante porque podía hacer su vida del modo que a ella más le gustaba, sencilla y tranquilamente, aunque hoy no fuese uno de esos días que tanto adoraba.
Se dirigió con paso firme y decidido hacia su casa, al lado de la iglesia de la ciudad, cerca de la plaza. Era una casa de dos pisos, con la tienda de sus padres en la planta baja y la superior dedicada a la familia, la recordaba grande, enorme, casi gigantesca, por eso, al llegar a ella, le pareció que todo había encogido, ¿o tal vez era ella la que había crecido? Suspirando, Melisandre cogió el picaporte de la puerta de madera de entrada a la armería y abrió la puerta que, como recordaba, no emitió ningún sonido, su padre, siempre tan cuidadoso, procuraba engrasar los goznes todos los días, ya se encargarían las campanillas que había sobre el marco superior de avisarle que un cliente había entrado. La estancia era amplia, luminosa y en ella había reflejos de mil colores provocados por los filos de los cientos de armas que llenaban el espacio, olía a metal, a carbón, a fuego, olía a su infancia y eso hizo que un escalofrío le recorriera su espalda.

Alguien apareció en la puerta de la trastienda, era un hombre alto, de anchos hombros, vestido con una camisa y unos pantalones azules, llevaba un protector de cuero sobre su pecho y muslos para evitar que las chispas que soltaba el filo de las futuras espadas al ser golpeadas entre el martillo y el yunque quemaran sus ropas. Al ver a la sabia a contraluz dijo, con voz potente pero dulce:

– ¿Qué desea?

A Melisandre le dio un vuelco el corazón, sabía que su padre no podía ser pero por un momento creyó estar escuchando la voz musical de su progenitor.

– ¿Jonah? ¿Eres tú, Jonah?

– ¿Mel? ¿No me digas que tú eres la pequeña Mel? Hermanita, sí que has crecido…, en todos los aspectos – dijo el joven herrero al reconocer en esa figura a su hermana pequeña.

– Tan tonto como siempre, hay cosas que nunca cambiarán – dijo la sabia y corrió a abrazar a su hermano mayor. Por él estaba allí. Gracias a él podría despedirse de su padre, podría acompañarle en sus últimos días y tal vez apaciguar su dolor, tanto físico como de espíritu.

– ¿Qué tal el viaje? ¿Todo en orden? – preguntó Jonah a su hermana.

– Sí, todo en orden, nadie se atreve a atacarme y a veces eso es aburrido – dijo en tono de sorna la joven sabia. Pero al instante se puso seria…

– ¿Qué tal está padre? – preguntó.

– Hoy está más tranquilo, tanto que madre ha salido a comprar al mercado. ¿Deseas ir a verle ahora? Ya le dije que venías de camino y está deseando verte.

– No lo sé, si es su deseo… – por primera vez desde que entró en esa casa, el corazón de Melisandre dudó de su verdadero objetivo, el miedo a su madre era muy grande, demasiado.

– No tengas miedo, madre no está y si viene, ya me enfrentaré yo a ella. Sube, anda. – le animó su hermano.

Melisandre entró en la trastienda, todo estaba tal y como lo recordaba, el fuego, el fuelle, el yunque, las herramientas de herrero, empuñaduras, filos, piezas de metal, virutas, parecía que el tiempo no hubiera pasado y, sin embargo, así había sido. Subió las escaleras hacia el piso superior y se encaminó por el largo pasillo hasta llegar a la puerta de sus padres, la habitación prohibida para los niños. Llamó y esperó respuesta. Sólo obtuvo un suspiro tenue pero aún así entro. Nada en su vida de luchas y sufrimientos le había preparado para lo que esperaba tras esa puerta y su corazón parecía saberlo, la mayor y más dura lucha de su vida comenzaba con ese paso hacia el interior de la estancia de sus padres.

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Continuará

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Camino de magia (1ª parte)

Amanecía en el bosque cercano a Prontera, los pájaros se desperezaban en sus nidos y los lunatic comenzaban a salir de sus madrigueras para aprovechar los primeros rayos de sol. Todo estaba tranquilo o al menos eso parecía porque, en lo alto de una colina, cerca de la puerta a Culvert, la figura de una sabia se recortaba frente al sol naciente. Melisandre miró de nuevo hacia los muros de la capital de Midgard, ¿cuánto hacía que no entraba en esa ciudad? ¿Diez, doce años? Ya había perdido la cuenta, era mucho tiempo el transcurrido pero, a la vez, parecía poco y es que la vida de un sabio está plagada de retos, desafíos, estudios, exámenes, consultas, lecturas meditación, batallas contra monstruos, los elementos, contra uno mismo, la más importante de todas.

Sin embargo eso importaba poco, hoy el enemigo era una sombra más pesada que una losa, un monstruo más horrible que una Pesadilla, hoy era un día especial. Hoy volvía a su casa, aquella que la vio nacer y crecer; hoy regresaba a las calles en las que había jugado junto a sus hermanos; hoy caminaría de nuevo en dirección a la tienda de armas que sus padres regentaban cerca del cuartel general de caballería de la ciudad. Y tenía miedo, un miedo profundo, desenterrado del lugar que había ocupado en el mismo instante en que se fue de esa casa para seguir su propio camino, aquél que rompía con todas las normas, el mismo que la destinaba a ser la primera maga de una saga de comerciantes, alquimistas y herreros.

Siempre había sido rara, o al menos eso pensaban en su casa. Era una niña introvertida, poco habladora aunque con una curiosidad insaciable que colmaba leyendo libros, columnas de libros que su abuelo le traía a escondidas de la tienda de un amigo suyo. Él había sido el único que le había apoyado en su “descabellada” idea de convertirse en maga. Él había ahorrado el dinero suficiente para que la joven aprendiz fuera a Geffen a recibir todas las enseñanzas que debe recibir un joven para ser un mago de provecho. Él la había defendido frente a sus padres, más su madre que su padre, argumentando que un mago no deja de ser un alquimista que no necesita de frascos para conseguir curar o matar a los enemigos. Él y su mirada fueron lo último que vio cuando una fría mañana de otoño cogió el carro que la llevaría a la escuela de magia.

Prontera

Pero su abuelo ya no estaba, hacía cuatro años que les había abandonado, esa era la última ocasión en que Melisandre había visto a sus padres. El funeral fue en Alberta y sólo su padre y su hermano mayor la habían recibido con un fuerte abrazo. Por aquel entonces se estaba preparando para el examen de ascenso a sabia que tendría lugar en Juno, la ciudad de los sabios, poco podría haber imaginado ella qué pasaría después, tal vez se lo habría pensado, o tal vez no… Hoy volvía porque, mediante una carta urgente, su hermano le avisaba de que su padre se estaba muriendo y no quería despedirse sin ver a su hija, la sabia más conocida desde los primeros tiempos.

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Continuará

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Camino de magia (introducción)

Hace tiempo que llevo pensando en escribir un relato breve sobre mi personaje principal en el Ragnarok OnLine. Como mucha otra gente que juega a este juego, yo tengo un tipo de personaje que siempre hago o construyo cuando inicio una cuenta en algún server, bueno, en concreto manejo dos personajes, muy diferentes de jugar pero que a mi modo de ver dan mucho juego, aunque no desprecio a ninguno de los otros, así siempre tengo una assassin y una sage, o lo que es lo mismo, una asesina y una sabia. Como habréis supuesto por el título esta es la historia de la sabia, que antes de todo eso fue aprendiz, después maga y ahora va camino de lo que se denomina scholar o professor, algo parecido a erudito, es decir, sabio de sabios.

Espero que os guste porque no va a ser un camino fácil, ni para ella ni para mí en la escritura, que muchas veces será improvisada y otras no tanto. En el camino nos encontraremos con peligros, con amigos y con enemigos, pero sobre todo con la esperanza y la alegría de un nuevo día lleno de ilusiones y experiencias nuevas. Pronto Melisandre, que así se llama la protagonista de este relato, aparecerá por aquí para contaros su viaje a través del mundo del Ragnarok.

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Escuela de aprendices, capítulo 4

Las botas metálicas de la Hermana Isabel resonaron por los pasillos del Vaticano, el Hermano Victor se giró y la vio llegar corriendo con algo en la mano. Cuando hubo recuperado la respiración le dio una carpeta con unos documentos.
– La Hermana Mary ha descifrado los planos que encontramos el otro día, los ha comparado con los planos de las catedrales que tenemos disponibles y ha encontrado coincidencia en un pequeño pueblo de España.-

Los ojos de Víctor se iban abriendo de par en par mientras se dirigía junto a Isabel hacia una de las salas de comunicaciones. Tenía que hablar con la hermana Mary de todo esto cuanto antes, y solicitar al Hermano Pedro autorización para viajar a España. Quería saber que había pasado allí, a fin de cuentas era un asunto pendiente de Isabel y suyo.

Pero, antes de que llegasen, el Hermano Ángel les llamó cuando pasaban por delante de uno de los despachos del ala Este, zona del Vaticano dedicada a las dependencias oficiales de la Inquisición.

– Cerrad la puerta cuando entréis.- dijo amablemente el que había sido instructor de vuelo de los dos Inquisidores. – Supongo que vais a hablar con la Hermana Mary de los planos que ha identificado…-

Isabel y Victor se miraron con cara de sorpresa y justo antes de que fuesen a abrir la boca para decir algo el Hermano Ángel les hizo un gesto con la mano:

– ¿Sorprendidos? No deberíais, la Hermana me pidió ayuda, a fin de cuentas tengo la mayor colección de planos de iglesias del mundo conocido.- dijo sonriendo, mientras se sentaba en una silla de respaldo alto a la vez que cruzaba las manos sobre el regazo.

– Os he llamado para daros esto.- dijo según abría un cajón de la mesa de despacho que tenía delante, del cual sacó un par de objetos extraños, esféricos, hechos de madera tallada con extraños símbolos, semejantes a dibujos de aves, personas y otros que no parecían tener relación con ningún tipo de simbología.

Lanzó uno a cada uno de los Inquisidores mientras les decía.

– Cuando los abráis, venid a verme, y hablaremos, ahora, mucha suerte en vuestra búsqueda.- dijo mientras se giraba y buscaba un libro entre los miles que tenía en la estantería situada detrás de él.

Si algo les habían enseñado los duros meses de entrenamiento en la Inquisición a los dos amigos era a no hacer preguntas cuando un superior no dejaba hueco para las mismas, así que cogieron los artefactos y mientras los miraban y les daban vueltas se dirigieron a su destino original, la sala de comunicaciones.

(Continuará)


P.D. Y aquí nos quedamos escribiendo. Ahora mismo Víctor está de vacaciones de Semana Santa en Granada (lo hay con suerte… ¬¬) y ha prometido escribir la continuación, esperemos que sea cierto ;D

Escuela de aprendices, capítulo 3

Las escaleras crujían con el peso de los dos Inquisidores mientras avanzaban hacia el piso superior, la madera estaba carcomida en algunos sitios pero la escalera aguantaba el peso de ambos. Cuando llegaron, tuvieron que afinar la visión, las ventanas, a pesar de estar abiertas, estaban por encima de las farolas y la luz no entraba nada más que de forma mortecina. No tenía ni mota de polvo, por allí se movía algo, posiblemente lo que ambos Inquisidores andaban buscando, seguramente escondido al haberles oído entrar.
El Hermano Víctor hizo un gesto con los dedos, indicando a su compañera que ella fuese por un lado y él por otro, dos puertas son malas de guardar y ellos iban a aplicar el refrán en toda su extensión. La propia respiración de Víctor se le hacía demasiado ruidosa en la quietud de aquel sitio infernal. Cuando fue avanzando hacia la puerta agudizó el oído, sin embargo no se oía nada.

“Demasiado silencio, nada bueno aguarda ahí dentro”, pensó para sus adentros el Inquisidor mientras avanzaba despacio por los pasillos hacia la que parecía la habitación principal. La Hermana Isabel observó al Hermano Víctor mientras éste se aproximaba a la puerta y, tomando aire, se encaminó hacia el otro lado, agarrando con más fuerza sus espadas. Sus nudillos estaban blancos pero su respiración era serena, igual que todo aquel lugar, más de lo que a ella le hubiera gustado.

No se oía un alma, sin embargo el hedor era terrible. El Hermano Víctor se llevó la mano a la boca, las nauseas amenazaban con hacerle vomitar allí mismo. Decidió que era hora de entrar, activó el screamer y entró dispuesto a enfrentarse con lo que hubiese…

Sin embargo, no hizo falta enfrentarse a nada salvo a las nauseas y el hedor, muerte en estado puro, sangre, trozos de cuerpos y vísceras decoraban la habitación, el vampiro que buscaban los dos Inquisidores se encontraba esparcido en trozos por toda la sala. Víctor no puedo aguantarlo y vomitó, cayó de rodillas mientras intentaba controlar el vómito pero aquel olor era demasiado para él. En el suelo, arrodillado, levantó los ojos buscando a su compañera.

En aquella habitación no hay nada, o al menos nada interesante a simple vista. Sólo desorden, una cama sin hacer, una silla sobre la que yacía un amasijo de ropa descolocada. Tan sólo una mesa pegada a la pared parecía interesante. La Hermana Isabel se aproximó y observó que había en ella una organización tal que contrastaba con el resto de la habitación. Con curiosidad estudió los papeles que había en ella. Algo llamó su atención, un trozo de pergamino con algo dibujado, eso parecía ser…, pero no, no podía ser lo que estaba viendo. Cogió el pergamino y fue corriendo a buscar a su compañero.

– ¿Has encontrado algo?- dijo Víctor al ver aparecer a su compañera mientras se levantaba y avanzaba a través de la sala con el tabardo puesto en la boca a modo de máscara, aún con el sabor de la bilis en la boca.

Ambos miraron el trozo de pergamino descubierto por Isabel. Mostraba los planos de una Iglesia, o de al menos un edificio religioso, sin embargo no mostraba ni ubicación ni nada por el estilo, tan sólo una marca en algún tipo de lenguaje incomprensible en una de las cámaras de la Iglesia, posiblemente la sacristía.

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