Camino de magia (3ª parte)

La estancia estaba sombría, apenas un rayo de luz entraba a través de las cortinas prácticamente cerradas, aún así, no olía cerrado, se respiraba un fresco aroma a romero, la fragancia favorita de su padre. Melisandre cerró la puerta tras de sí y se acercó a la cama, allí yacía su padre, más delgado que la última vez que lo vió aunque su rostro era tal y como ella recordaba, serio pero tranquilo, parecía estar profundamente dormido. Sin embargo, aún con los ojos cerrados el hombre dijo, en una voz clara:

– Acércate pequeña mía, quiero ver cómo es la heroína del reino.

Melisandre se asustó, no esperaba oír una voz con tal energía y fuerza. No la había oído desde que se despidió de él tras el funeral de su abuelo y, conociendo la gravedad de su enfermedad, no había esperado esa seriedad llena de calidez.

– Buenos días papá, ¿cómo te encuentras? – respondió mientras se sentaba.

– Bien, querida niña, pero acércate, ¿ahora tienes miedo de tu padre, este viejo enfermo y roto? – apuntó él al ver que su hija se colocaba a los pies de la cama.

– No, ¡cómo podría! – dijo ella y mientras se acercaba a la cabecera, tomó la mano de su padre entre las suyas. Fue entonces cuando lo sintió. La había estado esperando, lo poco de energía que le quedaba se la había reservado a ella…, sus ojos se llenaron de lágrimas.

– Veo que tus instintos siguen tan finos como siempre.

– A veces me gustaría que no fuera así, duele demasiado.

– Lo sé querida, pero no debes sufrir por mí, yo ya soy viejo, he vivido mi vida, ahora os toca a los jóvenes construir el mundo. Pero no hablemos más de eso, cuéntame, ¿cómo estás? ¿qué es de tu vida?

– Bien, ahora mismo estoy en periodo de descanso, no se necesitan mis servicios en ningún lugar del reino.

– Bien, eso es bueno. ¿Has visto a tus hermanos ¿Y a tu madre?

– He visto a Jonah, madre ha ido a la compra.

– Bien, bien, entonces tenemos tiempo para nosotros. Quiero que me cuentes cómo has estado estos años. Tu viejo padre lamenta no haber hablado más contigo.

– No, no digas eso, en el fondo de mi corazón siempre te he sentido a mi lado, apoyándome, dándome fuerzas cuando a mí me faltaban.

– Me alegro, pequeña mía de que así lo sintieras porque así era. Pero ahora cuéntame, qué ha sido de tu vida estos años. Cuéntame desde el principio, desde que saliste de esta ciudad dirección a Geffen, y no ahorres detalles, este viejo necesita un poco de aventura.

– Está bien papá. – y Melisandre comenzó la historia de su vida, de sus últimos doce años…

Todo comenzó cuando…

—————-
Continuará

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